"Sólo con ella se permitía el lujo de ceder ante su desbordante
deseo de servir y de ser amada, con ella podía manifestar, aunque fuera
solapadamente, los más secretos y delicados anhelos de su alma. A lo largo de tantos
años de soledad y tristeza había ido decantando las emociones y limpiando los
sentimientos, hasta reducirlos a unas pocas terribles y magníficas pasiones, que la
ocupaban por completo. No tenía capacidad para las pequeñas turbaciones, para los
rencores mezquinos, las envidias disimuladas, las obras de caridad, los cariños
desteñidos, la cortesía amable o las consideraciones cotidianas. Era uno de esos seres
nacidos para la grandeza de un solo amor, para el odio exagerado, para la venganza
apocalíptica y para el heroísmo más sublime, pero no pudo realizar su destino a la
medida de su romántica vocación, y éste transcurrió chato y gris, entre las paredes de
un cuarto de enferma, en míseros conventillos, en tortuosas confesiones, donde esa
mujer grande, opulenta, de sangre ardiente, hecha para la maternidad, para la
abundancia, la acción y el ardor, se fue consumiendo". [...] "Probablemente esos años junto a Clara fueron los únicos felices para
ella, porque sólo con Clara pudo intimar. Ella fue la depositaria de sus más sutiles
emociones y a ella pudo dedicar su enorme capacidad de sacrificio y veneración. Una
vez se atrevió a decírselo y Clara escribió en su cuaderno de anotar la vida, que Férula
la amaba mucho más de lo que ella merecía o podía retribuir". (Pág. 68)
La represión explícita se esconde en los verbos 'reducir' y 'limpiar' (los sentimientos y las pasiones). Esta mujer nacida para la maternidad, abundancia, acción y ardor, no es una heroína. La única mujer heroína es la que manifiesta su libertad en todos los sentidos, como el amoroso, en este caso.

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